La lesión de Alan Cisnero llegó en el peor momento posible para San Martín. No sólo porque el equipo atraviesa una etapa de dudas y dos derrotas consecutivas, sino también porque Andrés Yllana perderá a uno de los pocos futbolistas capaces de alterar partidos desde lo individual. El desgarro en el aductor derecho lo obligará a parar entre dos y tres semanas, por lo que el DT no podrá contar con él para visitar a Midland y probablemente tampoco para el cruce frente a Quilmes.

La preocupación en Bolívar y Pellegrini tiene lógica. Cisnero se convirtió, con el correr de las fechas, en una pieza central dentro del funcionamiento del equipo. No necesariamente desde los números, sino desde el impacto futbolístico. Hoy, probablemente, sea el jugador más desequilibrante del plantel. El que acelera ataques, rompe líneas, presiona alto y contagia intensidad cuando el equipo luce apagado.

Contra Atlanta quedó completamente expuesta esa dependencia. Cisnero alcanzó a tocar apenas una pelota, intentó encarar y terminó lesionándose tras una infracción. Desde ese momento, San Martín perdió profundidad, agresividad y claridad ofensiva. Luciano Ferreyra ingresó rápidamente en su lugar, aunque nunca consiguió ocupar ese rol de conductor emocional y futbolístico que el juvenil venía sosteniendo dentro de la estructura de Yllana.

El problema para el entrenador no pasa únicamente por perder a un titular. La verdadera complicación aparece porque dentro del plantel no existe otro futbolista con características similares. Por eso, cada vez que Cisnero dejó la cancha durante el torneo, Yllana utilizó herramientas completamente distintas según el contexto del partido.

Contra Patronato, por ejemplo, mandó a la cancha a Diego Diellos y modificó el comportamiento ofensivo del equipo. Frente a Deportivo Maipú y Nueva Chicago ingresó Gonzalo Rodríguez buscando más potencia. Contra San Martín de San Juan apareció Matías García para sumar pausa y manejo. En otros encuentros, como Güemes, Tristán Suárez y Gimnasia y Tiro, eligió a Benjamín Borasi intentando sostener velocidad y amplitud por los costados.

También hubo partidos donde directamente decidió no tocar demasiado la estructura porque Cisnero completó los 90 minutos. Eso ocurrió frente a Almagro, Agropecuario y Atlético de Rafaela. Contra Gimnasia de Jujuy recién salió sobre el cierre, cuando Nahuel Gallardo ingresó para reforzar marca y sostener resultado. Incluso frente a Chacarita, el movimiento terminó siendo distinto: Facundo Pons ingresó por Cisnero buscando mayor presencia ofensiva dentro del área.

Todo eso deja una conclusión bastante clara: Yllana todavía no encontró una alternativa fija para reemplazarlo porque el equipo depende demasiado de lo que Cisnero produce individualmente. El juvenil interpreta bien los momentos del partido, sabe cuándo acelerar, cuándo atacar espacios y cuándo romper estructuras defensivas. Además, muchas veces funciona como el jugador que equilibra emocionalmente al equipo desde la intensidad y el atrevimiento.

Por eso, la visita a Midland aparece como un verdadero dolor de cabeza para el entrenador. Sobre todo porque tampoco podrá contar con García, otro futbolista importante en la generación de juego. El “Caco” sufrió una distensión muscular en el isquiotibial derecho y también quedó descartado para el compromiso del domingo. En otras palabras, San Martín perderá simultáneamente a sus dos jugadores más creativos.

El gran interrogante

Ahí empieza el gran interrogante táctico. Sin Cisnero ni García, Yllana deberá decidir si intenta sostener el esquema o si modifica nuevamente la estructura. Una posibilidad sería mantener el 4-4-2 utilizando a Borasi o Ferreyra por afuera para intentar compensar velocidad y desequilibrio. El problema es que ninguno ofrece la misma capacidad para romper líneas jugando desde atrás.

Otras alternativas serían reforzar la mitad de cancha para liberar definitivamente a Nicolás Castro como único generador ofensivo o darle los primeros minutos de juego a Milton Ríos, la nueva incorporación. Sin embargo, Castro viene atravesando semanas irregulares y muchas veces termina aislado dentro de partidos desordenados. También existe la chance de repetir el 4-3-3 ofensivo que utilizó frente a Deportivo Madryn, justamente el único encuentro del torneo en el que Cisnero no fue convocado.

Lo concreto es que San Martín perderá bastante más que un nombre propio durante las próximas semanas. Sin Cisnero, el equipo pierde rebeldía, intensidad y una de las pocas armas capaces de cambiar partidos desde el desequilibrio individual. En medio de un contexto donde el funcionamiento colectivo tampoco ofrece demasiadas certezas, esa ausencia puede terminar pesando todavía más de lo imaginado.